Siempre tuve una duda. Un día, simplemente decidí coger el pincel. Sabía que el fruto de esta duda iba a ser polémico, incomprendido si se me permite decirlo, sé que no está de moda, pero los colores han de ser claros, a mí tampoco me gustan los colores claros; pero tampoco los retratos, y es precisamente lo que hice. Un retrato más. El dibujo retrataba a un chico, joven, un tanto delgado, de pelo castaño, pero cómo hacer este pelo resultó una duda, en el fondo sabía que debía ser moreno, la luz le daba en la cara, como si mirara a través de una ventana un día claro pero sin mirar al sol. Pero la perspectiva del 2007… ¿cómo llevará la gente el peinado en el 2007? ¿Largo? ¿Corto? ¿De colores brillantes? Corto, no salió como quería, pero tampoco creí conveniente trabajar más en el pelo.
La boca era bastante neutra, creo que un poco rojiza, al ser la primera parte que dibujé me llegué a preguntar si había comenzado a dibujar una mujer. No supe si dibujarle barba, esto era una prolongación del problema del pelo, pues una perilla porque yo no la llevaba en ese momento. Tenía los ojos marrones que son los ojos del que sabe que hay un futuro, y que lo acepta casi con resignación, del que mira al presente porque no tiene otro lugar al que pueda pertenecer. Terminado el cuadro tuve la impresión de que era un autorretrato, aunque con diferencias en el vestir, en el lugar… como si fuera capaz de vivir 200 años sin envejecer un solo día. Cosa imposible donde las haya.