Yo hasta ahora nunca pensé que me pudiera enamorar de una persona como tú. Lo cierto es que de haberlo pensado me lo habría negado, pero no serviría de nada. Y es que a mí nunca me gustaron los ojos azules, yo siempre preferí los oscuros, con su profundidad y su fuerza, hasta que llegaste tú. Yo creía que la gente debía ser apasionada, de sangre caliente y firme, y como pensar que fuera algún día a encontrar la serenidad, unida a la fragilidad y la delicadeza, en alguien así, hasta que llegaste tú.
Yo nunca pensé que alguien con el pelo corto pudiera causarme esta sensación, y es que siempre preferí el pelo largo, liso, fácil de acariciar y que cayera sobre los hombros, hacia abajo, perdiéndose entre los brazos, y no uno que deje ver el cuello, sin dejar la imaginación volar, hasta que llegaste tú. El pelo, también cubría las orejas, y es porque nunca aprecié la hermosura que pudieran alcanzar, hasta que llegaste tú.
Yo sólo pensaba en quien pudiera ofrecerme una imaginación que me hiciera atravesar todas las barreras de la imaginación, viajando al infinito cada día, cada hora. Así que cómo hacer a mi propia imaginación entender a alguien como tú, con tus pies en el suelo, caminando siempre en la fina línea del pesimismo, hasta que llegaste.
En realidad, lo que nunca pensé y nunca pude imaginar, la razón por la cual me sorprende y me encanta más que me enamorara de ti es porque a mí, hasta que llegaste tú, me gustaban las mujeres.