A Tommy le encanta el rojo, desde muy pequeñito se sentía atraído por ese color; es un color fuerte, lleno de vida (al fin y al cabo la sangre es roja). Cada vez que ve ese color se sentía bien, y por supuesto es consciente de que ese gusto había influenciado su vida. Tommy es un verdadero amante de los colores, para él los colores son arte, por sí solos. A Tommy el color azul le resulta relajante, en todos sus tonos, desde el azul más claro hasta el añil profundo como el fondo del mar, no como el rosa, ese color tan chillón que tanto lo enerva, no le extraña por tanto que las mujeres sean tan nerviosas, histéricas dice él, al fin y al cabo quién no acabaría así cuando de niño se ha estado rodeado de color semejante, Tommy no ha tenido muy buenas experiencias con las mujeres; mientras que los niños están rodeados de un color azul que los amansa.
Tommy tampoco aprecia demasiado el negro, -Lógico,- se suele justificar,- el negro es la ausencia de todo color, a mí me gustan los colores-. También aprecia mucho el amarillo, dice que durante una etapa de su vida, el amarillo da a Tommy una curiosa sensación de confianza, confianza en sí mismo, hasta el punto de la desinhibición. Encuentra el azul y el amarillo como colores cercanos, de su infancia, adolescencia, quizás por eso siempre haya encontrado al verde como el color de su casa, de su origen, por eso y no por ningún verde prado. El marrón significa para Tommy fin.