Soñar despierto
Creía que los libros se leían, no que se escucharan, se hablaran y se cantaran. Pero parece que sí, o al menos es preferible pensar eso, que no abandonarse a la pesimista creencia de que la cultura literaria en la que debe ser la ciudad más cosmopolita del país no da para rellenar un día de actividades. Sin embargo, en ella encontramos a músicos como Sophie Auster, que, empeñados en demostrarnos que no se debe ser tan pesimista, nos cantan la literatura. Si toda nuestra imaginación cabe en un libro, todo cabe en diez horas dedicadas al libro.
Hay muchas actividades, lugares, entre los que elegir, debe de ser uno de los inconvenientes de juntar todas las actividades literarias en un solo día; la otra, como apuntaba Espido Freire, invitada a una de las tertulias, “todo el esfuerzo que se realiza en un día, podía bien hacerse en una semana, podría incluso enlazarse el día del libro con la feria del libro”. Quizás sea la gran demanda que estos eventos implica la que obliga a los organizadores a juntar actos, de manera que el público deba escoger, hacer una selección de lo que realmente le gustaría ver. O tal vez simplemente sea imposible juntar todos esos actos en un día sin que sea imposible de otra forma.
¿Cuántas narices se hincharon en toda España hace un par de años cuando el país entero se sentía tan orgulloso de su libro El Quijote que todos habían leído? Por mucho que la conferencia tenga como objetivo eludir los tópicos, no se puede evitar acudir a los clásicos, aunque pueda llegar a dar la sensación de que se está desmitificando alguno. La crítica es libre y lo que para algunos es un libro que debe su nombre al autor, para otros es un gran retrato de la sociedad, con sus defectos y subterfugios, como nos presentan el caso de “El Mercader De Venecia”. Eso no sin antes aludir a las ganas de escapar de las típicas mesas redondas que parecen más bien conferencias ,o a las visiones más personales de los escritores, lo cual incluye sus miedos y sus motivaciones. ¿Quién no se ha preguntado qué es lo que impulsa a la gente a coger un lápiz y plantarse ante una hoja en blanco?
La idea era acercar la literatura a la gente, sacar los libros a la calle; y qué mejor manera que hacerlo literalmente. Allí se podían encontrar géneros diversos al alcance de todos, desde literatura infantil hasta libros sobre anuncios, incluso los que nos adoctrinaban en el arte de dar masajes. Caminando entre libros colgantes nos encontramos con la cabeza de la Comunidad Autónoma, que no contesta preguntas, según algunas conjeturas, por miedo la presencia de miembros de algún medio boicoteado, pero que nos muestra los libros que le han regalado en el establecimiento, entre los que se incluye la novela 1984 de G. Orwell, regalado por uno de los presentes al acto, amenizado por la música de un joven grupo de jazz.
Pero si se quiere hablar de los libros hay que ahondar en su historia, en sus historias; y para eso estaba allí, en Madrid el escritor noruego Jostein Gaarder. Y es que, este popular autor es, además del creador de una de las más conocidas obras sobre la historia de la filosofía, un importante filólogo y el hijo de una escritora de cuentos infantiles. Nos habló no de la importancia del libro, sino de la de la historia, del cuento, por que el hombre ha vivido sin libros pero no sin cuentos. La existencia del libro es hoy necesaria para la subsistencia debido al cambio en las costumbres, a los cambios tecnológicos. Las historias son necesarias para nuestro desarrollo, no necesariamente vistas como cuentos de niños orientados al aprendizaje de una moraleja, sino más allá. Es por eso que las buenas historias perduran, grabadas a fuego en nuestra memoria, y es nuestro deseo transmitirlas “mientras nos quede aliento nos quedarán historias” decía Gaarder. Por eso es necesario inculcar a los jóvenes el afán de devorar historias contenidas en libros, “y si los buenos libros no lo consiguen, denles a Harry Potter”
Al igual que la música, omnipresente en esta noche, tampoco podía faltar el cine a esta cita, las películas Adaptation: el ladrón de orquídeas y Fahrenheit 451, que fueron programadas de mano de La casa Encendida, para culminar la noche con música convertida en fiesta de la mano de Javier Colis y las malas lenguas, El chojín y Sr. Chinarro.